El concepto holístico de salud

El concepto comúnmente manejado de persona sana suele incluir la ausencia de enfermedades y de síntomas relevantes. Aunque me doy cuenta de que para algunos una persona sana puede padecer dolores de espalda de vez en cuando, tener un carácter particularmente susceptible o ciertas dificultades para conciliar el sueño; por ejemplo.

Desde luego, a la hora de definir la palabra salud se puede ser bastante exigente o bien conformarse con poco. Por lo que, en mi modesta opinión, dicho concepto, en su versión holística, debería incluir la idea de que la persona presuntamente saludable disfrute de un grado considerable de bienestar global (físico, mental y emocional).

Por concretar un poco más, podríamos decir que, además de la ausencia total de enfermedades o achaques (dolores, disfunciones, etc.), una persona sana debería poseer:

  • Vitalidad: o sea, energía, fuerza, ganas de hacer cosas.
  • Apetito: no sólo por la comida sino también, por entendernos, ganas de comerse el mundo (viajar, aprender, crecer, relacionarse, prosperar, etc.).
  • Sueño profundo: imprescindible para descansar nuestro cuerpo, para recargarnos de energía y para ordenar y liberar la mente de tensiones.
  • Buena memoria: necesaria para recordar lo vivido, para tenerlo presente y para darle estructura y cohesión a nuestra trayectoria vital.
  • Sentido del humor: que permite relativizar los sinsabores de la vida, ser capaz de reírse de uno mismo y de nuestras propias miserias, y muy necesario para mantener alta la vibración y la energía de nuestras células. El humor y el amor sólo difieren en una vocal.
  • Dinamismo: significa ser eficaces y fluidos en la ejecución de nuestras tareas.
  • Humildad y honestidad: cualidades ambas que ponen de relieve la buena salud de nuestra alma, y la valentía para ser nosotros mismos más allá de las circunstancias que nos rodeen.
  • Amor: cuanto más se exprese hacia uno mismo y hacia los demás, tanto más salud imprimiremos en nuestra persona y tanto más nos alejaremos de la enfermedad. Porque el amor no es otra cosa que dar lo mejor de uno a sí mismo y a los demás. Sin duda, algo tremendamente profiláctico y terapéutico. Vamos, un poderoso amuleto y una panacea en toda regla.

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