Fumar: un conflicto de pareja.

Todo lo que voy a explicar a continuación proviene de mi experiencia profesional a lo largo de los años, gracias a decenas de casos que he tenido ocasión de investigar a fondo. Dicho lo cual, os comento:

El fumar, en todos y cada uno de esos casos que he estudiado (sin excepciones), pone de manifiesto un conflicto de pareja. Entendiendo pareja como dos personas unidas por un vínculo afectivo, aunque en la mayoría de casos esa relación afectiva también es una relación del tipo erótico-sentimental (lo que habitualmente se entiende como relación de pareja).

Conflicto de pareja, según los casos, viene a significar:

- La pareja que se tiene y no te hace suficiente caso, o que te ignora, o que te maltrata (ya sea física o psíquicamente).
- O la pareja que se tuvo, que se fue y que ahora se añora.
- O la pareja con la que tienes una relación agradable pero que no termina de satisfacerte.
- O la pareja que no tienes y que anhelas tener.
- En una minoría de casos, y en el contexto de una pareja heterosexual bastante armónica y cohesionada, el hecho de que uno de ellos (o los dos) fume pone de relieve una bisexualidad u homosexualidad no reconocida (esa pareja del mismo sexo con la que se anhela una consumación que uno, por miedo, no se permite).

El humo del tabaco, pues, llena un vacío dentro de los pulmones (órgano par), por lo que, simbólicamente, viene a rellenar un vacío de pareja. El cigarrillo, de facto, sustituye a la pareja que no se tiene o a la que se tiene pero con la que no se es feliz.

De todo esto podría desprenderse que la solución estriba en encontrar una pareja que te llene. Sin embargo, esto no sería una verdadera solución sino un burdo remedio, pues el bienestar de un individuo estaría supeditado a las expresiones de amor o de afecto del otro. Y eso es dependencia. Algo muy poco saludable.

La solución, obviamente, radica en el cultivo, desarrollo y consolidación de la autoestima (amor propio) por parte de la persona adicta al tabaco, y en que ésta experimente, cada vez más, una vida en plenitud (sentirse lleno), tal como expliqué en un artículo anterior. Y es entonces, al sentirse uno lleno de sí mismo, y de una vida rica, cuando la necesidad de fumar desaparece por completo, y no se ve sustituida por ninguna otra pulsión dañina (como el comer compulsivamente, por ejemplo).
------------------------------
OBSERVACIÓN

Me gustaría aclarar que en el artículo que acabo de escribir hago referencia a las causas psicoemocionales o psicoespirituales del hábito de fumar, lo cual no excluye otras causas, como la causa física (la adicción a sustancias altamente adictivas que contiene el tabaco, como la nicotina) o conductuales (por ejemplo, un adolescente que imita modelos o referentes adultos y que decide fumar para parecer mayor, destacarse ante los demás, autoafirmarse o sentirse más seguro de sí mismo). En realidad, la causa psicoemocional se superpone, o se solapa, con las otras causas; siendo la primera la causa madre (por así decirlo), es decir, aquélla de donde parten las otras cadenas (o planos) de causalidad.

Es como decir que el origen psicoemocional de una hepatitis está relacionado con la ira no expresada y retenida durante mucho tiempo por parte del individuo que la padece. Lo cual no quita para que haya, asimismo, una causa física (sistema inmunitario bajo, virus, predisposición genética, alimentación inadecuada, etc.). De hecho, la causa psicoemocional necesita de una causa físico-corpórea para poder encarnarse en el plano material.

En cualquier manifestación que se dé en el Universo, a la hora de atender a su casuística, es conveniente hablar de los distintos planos de causación, los cuales no son incompatibles entre sí ni poseen carácter excluyente (los unos respecto de los otros).

Comentarios